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Terra
La Coctelera

Categoría: Hora del cuento

Carta de un perro a su amo *Actualizado*

Esta carta escribiría su perro si lo pudiera hacer, sólo debe leerla atentamente y luego decidir si está dispuesto a cumplir sus requerimientos de amor, comida y atención médica:

Ahora, eres mi amo y sólo te pido amor. Has decidido hacerte responsable de mí y me siento agradecido por tu determinación. Existirá entre ambos un secreto pacto de confianza que jamás será quebrantado de mi parte. Deberás comprenderme por algún tiempo, acabo de separarme de mi madre y de mis hermanos. Me notarás desorientado, inquieto y algunas noches me veras llorar... Sí, los extraño, compréndeme, yo te comprenderé luego por muchos años.

Seré tu mejor amigo, entenderé tus cambios de humor, tus alegrías, tus días buenos y tus días malos, estaré a tu lado acompañándote en tu soledad y en tu tristeza y te tratare siempre con el mismo amor, con la misma lealtad. Lameré la mano con que me castigues, porque mi capacidad de perdonar es infinita. Pero no me castigues, enséñame. Desconozco los detalles que pueden irritarte y deseo complacerte en todo. Deseo también que te sientas orgulloso de mí cuando me veas echado a tus pies, cuando camine a tu lado por la calle como tu sombra más fiel. Quiero responder a ese ideal de perro que tanto anhelas, pero depende de ti: seré reflejo de tu modo de educarme y de tratarme. Ayúdame a no defraudarte. Si me tratas con violencia seré agresivo. Háblame, entiendo cada una de tus palabras, aunque no te conteste con el mismo lenguaje. Aprende a leer mis ojos y comprenderás cuanto te entiendo; sé que eres una buena persona. ¿Qué piensas tú de aquellos que no aman a los animales?

* Estoy seguro que me cuidarás con amor. Eres mi amo. Poco a poco nos haremos grandes amigos, nos conoceremos y nos respetaremos por igual. Mira... cuando el primer hombre apareció en la tierra, el resto de los animales creían que era otro animal, sin embargo tenía "alma". Medita sobre esto. El hombre manifiesta su alma a través del lenguaje, nosotros a través de nuestros actos. No olvides nunca mi amo, que te amo a mi manera. Durante más de 10 años estaré junto a ti, creceremos juntos, compartiremos tantas y tantas cosas, y el día que me vaya a vivir a alguna estrella, mira el cielo con frecuencia porque siempre te estaré mirando. Pero deseo decirte algo: no dejes mi cuna vacía, hay otro perro esperándote y al cual llegarás a amar tanto como a mí. No quiero dejar en mi testamento una cuna vacía, ahora bien, no pensemos en ese día, hazme una caricia y juega un ratito conmigo. Tenemos muchos años por delante para hacernos felices.

Te acompaña, te cuida, te comprende y te ama...

 

Por: F. Faldati

Fuente: Rpp.com

 

 

* El perro de la última foto es Aramis , está esperando a que alguien lo adopte.
Puedes ver la información pinchando en su nombre.

____________________ Aramis ya ha encontrado un hogar______________

EL CONEJO Y EL PERRO

Un hombre les compró a sus hijos un conejo. Los hijos del vecino, viendo lo mucho que sus amiguitos se divertían con el conejo, le pidieron una mascota a su papá. El padre, en lugar de comprarles un conejo, les compró un cachorro de pastor alemán.

El vecino protestó:

—¡En el momento menos pensado, ese perro se comerá mi conejo!

—De ninguna manera, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos y serán amigos. Yo sé mucho de animales. Ya verás que no habrá problema
alguno.

Con el paso del tiempo, parecía que el dueño del perro tenía razón. Los dos animales crecieron juntos y se llevaron muy bien. Con frecuencia se encontraba el uno en el patio del otro.


Los niños, por su parte, observaban contentos cómo sus mascotas vivían en armonía.

Un viernes, el dueño del conejo fue
a pasar el fin de semana en la playa con su esposa y sus hijos. Ese domingo por la tarde, mientras merendaban el dueño del perro y su familia, entró el pastor alemán en el comedor donde se encontraban. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y de tierra... y muerto. Los dueños del perro, al verlo, casi lo matan de tantos golpes que le dieron.

—¡El vecino tenía razón! —exclamó el padre, muerto de pena—. ¿Ahora qué vamos a hacer?

Todos se miraron perplejos. Los vecinos llegarían en pocas horas. El perro, llorando afuera, lamía sus heridas.


De pronto, a la madre se le ocurrió esta idea:

—¿Por qué no bañamos el conejo, lo secamos con la secadora y lo ponemos en su casita en el patio?

Como el conejo no estaba en muy mal estado, así procedieron. Hasta perfume le pusieron al animalito.

—Parece que estuviera vivo —observaron los niños.

Cuando volvieron los vecinos, encontraron a su mascota en su casita en el patio, con las paticas cruzadas, como si estuviera durmiendo. ¡Qué gritería la de aquellos niños!

El dueño del conejo, pálido del susto, fue a tocar a la puerta del vecino. Parecía que
había visto un fantasma.

—El conejo... el conejo... —dijo su dueño tartamudeando— murió... murió...

—¿Murió?

—¡Sí, murió el viernes!

—¿El viernes?

—¡Sí, antes de salir de viaje! Los niños lo enterraron en el fondo del patio. Ahora...

No podemos menos que imaginarnos al pobre perro, desde el viernes hasta el domingo, buscando en vano, con el olfato, a su amigo de la infancia... hasta que al fin lo encuentra, lo desentierra, y se lo lleva a sus dueños, para dar parte del triste incidente.

Los animales no olvidan a sus amigos, jamás los abandonan. Y si hace falta buscan debajo de la tierra para encontrarlos.

Carlos Rey









































Cuento Cherokee

Una noche un viejo Cherokee le contó a su nieto que dentro de cada persona se libra diariamente una batalla.

-Querido mío, la batalla es entre dos animales que todos llevamos dentro, son dos "lobos".
Uno es malo y se suele enfadar, es colérico, siente pena de sí mismo, resentimiento hacia los demás,miente, es orgulloso, descarado, se siente superior y es egoísta.
El otro es bueno y es alegre, tranquilo, cariñoso, humilde, amable, generoso,compasivo, sincero y suele demostrar empatía y compasión.

El nieto se quedó pensando durante un minuto y entonces preguntó al abuelo:

-¿Qué lobo gana?
El viejo Cherokee sencillamente contestó:

-Aquel al que tú alimentes.