Según dice la historia y según algunos cronistas de la época, la reina Isabel la Católica se escondió tras estos laureles para que no la capturara Boabdil. Ella y su consorte Fernando, sus hijos y sus damas, se salvaron al resguardarse tras unos laureles (Laurus nobilis) que todavía hoy existen en el municipio granadino de La Zubia.
Estos arbustos, conocidos como los Laureles de la Reina, ocupan casi la totalidad del jardín de una residencia de monjas mercedarias, que antes fue palacio arzobispal.